1. Aliméntale a demanda
¿Ha pasado sólo una hora? Puede volver a tener hambre. ¿Han pasado tres y no se despierta? Espera un poco. Los recién nacidos no siguen pautas regulares de comidas, pero al cabo de una o dos semanas, aunque se les alimente a demanda, ya suelen hacer una pausa más prolongada por la noche y comer más seguido durante el día.
Si te agota tener que despertarte por la noche para amamantar, tal vez pueda darle una de las tomas tu pareja, si te sacas la leche y la dejas en la nevera. Eso sí, alimentarle a demanda no es darle el pecho cada 5 minutos, si llora mucho. Contente. Aunque de momento le calme, luego llorará más.
2. Alíviale mejor los cólicos
Los cólicos del lactante aparecen hacia la segunda semana de vida y remiten sobre el tercer mes. El niño que los padece tiene la tripa dura, encoge las piernas y llora inconsolablemente desde la sobremesa hasta la medianoche.
Si tu hijo padece cólicos, ayudándole a expulsar los gases le aliviarás, pero no desaparecerán del todo. El pediatra puede recetarle algún medicamento. Además, procura que trague menos aire en las tomas (al mamar debe abarcar con su boca toda la areola, no sólo el pezón; el biberón, inclinado, debe gotear, pero no salir a chorro) y que después eche bien los gases.
Cuando tenga el cólico, dale suaves masajes circulares sobre la tripita y paséalo sujetándolo boca abajo. Sobre todo, no te culpabilices y no lo soportes tú sola, túrnate con tu pareja.
3. Elige un buen pediatra y confía en él
Lo ideal es que, antes de que nazca tu hijo, visites el ambulatorio que te corresponda y eches un vistazo a las salas de espera. Que un médico tenga muchos pacientes suele ser un indicio de su valía. Pregunta también a las mamás que esperan turno.
Una vez elegido el pediatra, confía en él, sigue sus indicaciones y, salvo en casos puntuales (por ejemplo, si te recomienda una operación), no busques segundas opiniones. Ah, y en ningún caso antepongas los consejos de la amiga o la vecina a los del profesional responsable de la salud de tu hijo.
4. Diferencia la noche del día
Ponle a dormir sus siestas diarias en la sala de estar, en su hamaquita, sin suprimir toda la luz y sin mitigar los ruidos ambientales. Y por la noche, acuéstale en vuestro cuarto, en el moisés o en la cuna, a oscuras y en silencio. Otra buena idea es ponerle, sólo por la noche, un juguete musical cuya melodía le induzca al sueño y le señale que el día ha terminado.
5. Hazte experta en los cambios del pañal
En los cambios de pañal nocturnos, es fundamental que el bebé no se altere y se vuelva a dormir enseguida. El truco: abre el sucio, retíralo arrastrando el “regalito”, pasa la toallita o la esponja por el culete de delante hacia atrás, sécale con unos toques de toalla, unta la crema balsámica, desliza bajo él el nuevo pañal y abróchalo sin que le apriete y sin que le quede suelto.
No olvides que por el día, los cambios de pañal son perfectos para hacerle arrumacos y gimnasia de brazos y piernas. ¡Ah! y apréndete sus hábitos, hay bebés muy regulares (lo hacen justo tras la toma, o justo después de jugar) y puedes ahorrarte algunos cambios.
6. Curale el cordón sin ningún miedo
Aséalo como mínimo tres veces al día y si está mojado o sucio, las que sean necesarias. Si está limpio, sólo hay que cambiar las gasas secas, sin alcohol ni ningún otro producto. En casos de contaminación fecal, puede usarse una solución de clorhexidina.
Una vez limpio, se seca y se coloca una gasa estéril seca. Hacia el octavo día, el cordón se caerá. Después de hacerlo, puede sangrar (unas gotitas) durante unos días. No te asustes, no reviste importancia y puedes eliminarlo al bañar al niño. Si el sangrado es abundante, la cicatriz está inflamada y muy roja o el cordón o la cicatriz huelen mal, ve al pediatra.
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