Escrito por Alicia González García hace 5 meses
El tono de nuestros dientes viene determinado, desde nuestro nacimiento, por el núcleo de nuestro diente, denominado dentina y por la transparencia del esmalte y la forma en la que éste refleja la luz. El paso de los años y una alimentación errónea en la que predominen elementos cuyos componentes se adhieren a los dientes tiñéndolos, consigue que se modifique este color inicial, y que nuestros dientes se oscurezcan y luzcan unas antiestéticas manchas.
Para ayudarnos en nuestra búsqueda de una dentadura perfecta solemos recurrir a las técnicas de blanqueamiento dental, la cuales basan sus tratamientos en la utilización de dos compuestos, por un lado el peróxido de hidrógeno y por otro el peróxido de carbamida.
El peróxido de hidrógeno es mucho más potente y sus resultados se aprecian en menos tiempo, aunque son menos duraderos y suelen sensibilizar más los dientes del paciente. Su aplicación debe realizarse siempre en una clínica.
Para el tratamiento con peróxido de carbamida el dentista realizará un molde de nuestros dientes para fabricar una funda, en la cual introduciremos el producto, en la cantidad que se nos indique. Lo ideal es aplicarlo al final del día, después de un intensivo lavado de dientes, y mantenerlo toda la noche. El tratamiento dura 15 días, durante los cuales es fundamental mantener una “dieta blanca” consistente en la no ingestión de aquellos productos que pueden manchar nuestros dientes, como café, tabaco, refrescos de cola o remolacha.
La fórmula más eficaz combina ambos tratamientos. Lo ideal sería realizar una sesión con peróxido de hidrógeno en la clínica y luego completar el blanqueamiento aplicando el peróxido de carbamida en casa durante 7-10 días, dos horas diariamente.
¿Son estos los métodos que utilizan los famosos para lucir una sonrisa perfecta? No nos engañemos, con estas técnicas lo que conseguiremos será un aclarado en el tono de nuestros dientes, pero no una sonrisa perfecta. Esta suele ser fruto de la utilización de carillas, es decir de la colocación de unas fundas de porcelana o composite que modelan y cambian el color de cada diente.
Esta técnica presenta varios inconvenientes, por un lado, para colocar estas finas láminas sobre nuestros dientes se tiene que proceder previamente a su desgaste, con su consiguiente daño. Segundo problema, no son eternas, y en 10-15 años deberemos sustituirlas por unas nuevas. Por último y no menos importante, su precio, más elevado si las carillas son de porcelana que de composite, pero elevado en ambos casos. Así que siento comunicaros que, una vez más, el dinero es importante para conseguir nuestro sueño, en este caso, una sonrisa de revista.
Alicia G. García
Haga click aquí para leer más artículos de Onsalus