A través de la siguiente actividad podemos convertir esos momentos de discusión y enfado en un juego para nuestros hijos y para nosotros.
Con un cronómetro en mano le propondremos controlar el número de objetos que es capaz de introducir en el lugar elegido por nosotros en un tiempo determinado. Con toda la parafernalia de la que seamos capaces, le haremos calentar los músculos, dar unas carreras por el pasillo para prepararse, le colocaremos una cinta en el pelo como los verdaderos atletas, cualquier cosa que consiga meterle de lleno en el juego. Una vez lograda esta primera premisa procedemos a dar la señal de comienzo de la prueba, jaleando y animando al pequeño todo el tiempo. Pasado el minuto o minuto y medio contaremos con él los juguetes y anotaremos el resultado en una hoja o pizarra.
Apartando hacia un lado del baúl los objetos ya recogidos daremos comienzo a una nueva prueba, en esta ocasión reduciremos el tiempo para darle una mayor emoción.
Se pueden establecer alternativas que dificulten la actividad, que la carrera la realice a la pata coja, con un brazo atado a la espalda, o cualquier ocurrencia que sepamos le puede gustar.
Al terminar cada periodo de tiempo repetiremos el recuento y la anotación hasta finalizar la limpieza de la habitación. Estas anotaciones pueden quedar recogidas para poder ser comparadas con los tiempos en días sucesivos, el pequeño podrá comprobar sus progresos y su rapidez.
Es fundamental en el desarrollo de esta actividad la figura de los padres, estos deben integrarse en el papel de jueces y animadores del deportista para que el chaval perciba la tarea como un juego realmente, un juego que comparte y disfruta con sus padres.
Por: Alicia G. García
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