Ante este reconocimiento anómalo, el sistema inmunológico da lugar a una respuesta en forma de reacción alérgica (luego veremos en qué consiste).
¿Puede el alérgeno ser cualquier tipo de sustancia?
En principio, el alérgeno ha de ser una proteína. Su origen puede ser ambiental (contaminación, insectos, diversas sustancias de contacto…), o bien, tratarse de algún alimento en concreto (el melocotón, por ejemplo, es especialmente alergógeno).
¿Entre la proteína (alérgeno) y el organismo se produce la reacción alérgica ya desde el primer contacto?
La respuesta es que no. En el primer contacto se produce lo que se denomina la sensibilización: el cuerpo detecta algo que le resulta extraño, y se prepara para combatirlo mediante la producción de anticuerpos. Y ahí queda la cosa, si no vuelve a entrar en contacto con la sustancia “amenazante”.
¿Y si entra en contacto una segunda vez?
Los anticuerpos “preparados para combatir” se unen al alérgeno (proteína “extraña”) y comienza “la guerra”. Se estimulan los denominados mastocitos, que son células que llevan en su interior unos gránulos cargados de sustancias capaces de dar lugar a las manifestaciones que acompañan a toda reacción alérgica: Picor, lesiones en la piel, crisis asmáticas, lagrimeo, congestión nasal, irritación ocular…
¿En qué consiste una reacción alérgica típica?
Una reacción alérgica puede manifestarse de forma leve (congestión nasal, lagrimeo ocular, algo de picor…) o llegar a representar un cuadro grave (broncoespasmo más o menos severo (crisis de asma), edema de úvula con obstrucción respiratoria más o menos intensa) que ponga en peligro la vida de la persona afectada.
¿Es lo mismo alergia que atopia?
Entendemos por atopia la susceptibilidad por parte de la persona a padecer una reacción alérgica. Sólo la susceptibilidad. Es decir, que entendemos por atópico aquél que está más predispuesto a las reacciones típicas alérgicas. Pero esta susceptibilidad no asegura al 100% que la persona en cuestión padezca reacciones alérgicas. Dependerá del ambiente en que se mueva.
Escrito por Dr./Dra Francisco Marín Jiménez
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